“Ella te dará detalle”
A 14 años de su muerte, sus palabras vuelven a resonar, y no en una biblioteca abandonada, si no en las paredes de un museo cordobés. Ariel Liendo nos da el placer de curar una obra que será recordada por tiempo indefinido.
Todo comenzó por un afán de lector, por tener esas ganas de saciar una sed de saber que no tiene basta, leyendo cada palabra como si fuesen agujas que penetran la piel. Así fue como su cabeza se llenó de preguntas, leyendo, y no leyendo cualquier cosa, si no la colección de un escritor cordobés, escritor que en sus 105 años de vida, dejó plasmadas sus palabras hechas tinta, en 50 obras diferentes. Son las palabras de Juan Filloy las que hicieron que en la mente de Arier Liendo, un joven filósofo y escritor, aparecieran cuestiones que iban más allá de un fanatismo literario. Era el legado del también juez de la ciudad sureña cordobesa lo que le interesaba. Quería ir más allá de hojas repletas de palabras abundantes de significado, quería darle ese mismo significado al autor en sí, hacer que esas mismas palabras sigan resonando, no sólo en librerías y bibliotecas, si no también en la cabeza de personas, y, que como a el, se sintieran inspirados por ellas. Por esta razón, comenzó a realizar encuestas acerca de Filloy, queriendo aprender qué era lo que los lectores sabían de el. Así, acudió a diversas librerías, talleres de escritura e incluso bares, para saber si los lectores interesados en sus obras podían contarse con los dedos de las manos, o si llegaban a ser más.
Una puerta que se toca, un baúl que se abre, recuerdos que salen a la luz, olor a libro viejo que se escapa. Un día en el que el cantar de los pájaros, la brisa del viento y el crujir de las hojas se unían para crear una canción casual, casi sin ritmo, una puerta se abrió, haciéndose parte de ese sonido cotidiano, dejando a la vista identidades olvidadas. Fue “el joven soñador”, quién con confianza, y, un brote agalopado de esperanza, decidió romper esa barrera creada entre la construcción del hogar y el mundo real, tocando esa única puerta al compás del “toc toc”. No iba a desperdiciar sus horas de viaje ajetreado en un colectivo en el que el hedor a persona abundaba y las carcajadas de dos adolescentes estorbaban sus pensamientos para nada, el iba en búsqueda de respuestas, y era detrás de esa anticuada puerta donde iba a encontrarlas.
Ariel, con su campera de cuero vintage y sus jeans rotos, llegó a La Carlota, donde encontró lo que necesitaba, una puerta que se abriera. La persona detrás de esa puerta, Monique Filloy, hija de Juan Filloy, no estaba sorprendida, ya había escuchado de este joven soñador que buscaba reivindicar el nombre de su padre. Invitó al “tocador de la puerta” con un café con leche caliente y una porción de torta que encontró en la heladera. “Vine a saber más acerca de tu abuelo, me interesa su vida y, por sobre todas las cosas, sus obras”, dijo Liendo sin rodeos. Lo único que hizo Monique, fue entregarle un baúl que había encontrado el año pasado, 2013, repleto de documentos, hojas, que, con el tiempo, se habían vuelto amarillentas y arrugadas. No vió a qué se referían esas hojas que llenaban el interior, ni si quiera la nieta del aclamado escritor lo sabía. Se retiró del lugar repitiendo más de doscientas solo una palabra, aún hoy deben seguirse escuchando los “Gracias” retumbar en aquella famosa “puerta que se abrió”.
Al llegar a su hogar, luego de recorrer los 200 kms que separan a La Carlota de Río Tercero (lugar de residencia de Ariel), abrió el tan valioso baúl, y se llevó una gran sorpresa con lo que se encontró. “Nunca me había sentido tan satisfecho y agradecido”, dice Liendo.Dentro, se encontraban radiografías de juicios (actuaciones notariales), cartas de menú del hotel donde vivía Filloy en Río Cuarto, también recortes de programas de teatro y de cine y hojas de cuaderno, sobre las cuales se plasmaba una obra literaria, caricaturas de rostros y retratos de de reos y funcionarios judiciales involucrados en la cosa juzgada, dibujos de concidos y familiares. Muchos de ellos se encontraban bajo el título de “Mis Reos”, un título tachado que luego fue reemplazado por “Cosa Juzgada”, ambos títulos escritos, y uno de ellos tachado, con la misma tinta. “No puedo quedarme cruzado de brazos”, pensó en voz alta, como si nadie en esa mesa redonda repleta de familiares inquietos lo hubiesen escuchado.
Así fue como llegó a idear una manera de llamar la atención de museos cordobeses, museos que apañen la curación de esta obra. Planeó, con su compañera de trabajo y amante, Nuria Peirone, una muestra impecable bajo el nombre “Mis Reos: Cosa Juzgada”. En la cual se presentarían todos los retratos dibujados por Filloy, y una serie de palíndromos, una especie de juego de palabras al que el escritor también se dedicaba. Con un movimiento insesante y con ayuda de conocidos, como Mariano Barrera, montajista y diseñador de exibiciones en el Palacio Ferreyra, lograron lo que tanto esperaban. “La muestra era algo increíble, luego de las encuestas que Ariel realizó acerca de Filloy, la gente interesada era una plaga, así que pudimos conseguir que todo el tercer piso esté dedicado a que las palabras del escritor volvieran a los ojos de la sociedad, acompañadas ahora por un capital dibujístico increíble. Me emociné mucho pensando en lo que podíamos lograr. Una oportunidad así no aparece muy seguido, nos arriesgamos”, cuenta Barrera.
Mayo de 2014, plena Hipólito Yrigoyen, los autos pasan como si fuesen un rayo de luz, el aire corre haciendo que las hojas de los árbololes se desprendan sin mirar atrás, las estrellas, junto con la luna, brillan iluminando el ambiente. 21.30 hs, la gente comienza a llenar el tercer piso de uno de los museos cordobeses más reconocidos de Córdoba. El Palacio Ferreyra, abre sus puertas a más de 200 personas que se acercan a la muestra generada por Nuria Peirone y Ariel Liendo, basándose en los documentos de Juan Filloy. El tercer piso del museo cuenta con 2 grandes espacios; en uno de ellos fueron colocados todos los documentos en los que se encontraron trazos finos y gruesos que formaban caras y expresiones; mientras que en el otro, se realizó un trabajo excelente, en el que se exibieron todos y cada uno de los palíndromos escritos por Filloy, se imprimieron en diferentes tamaños, y se pegaron en las paredes y el piso de la sala, creando un juego de palabras sumado a un juego visual. Cecilia Torres, una simple señora que acudió al lugar para ser parte de lo que muchos no sabían del escritor opina que, “La muestra es algo impresionante, aunque soy una fanática de la lectura, nunca leí un libro escrito por Filloy, ahora seguramente vaya directoa comprar toda la colección (risas). Me interesa mucho la cultura, sobre todo la cordobesa, y presenciar que hay jóvenes que se interesan por que la misma prospere, es una gran alerta de que aún quedan esperanzas de prosperidad”
Mientras Ariel Liendo es alagado por cada persona que se acerca a la muestra, Inés Capdevila, nieta y fanática del auto de Op Oloop, se pasea por las habitaciones del último piso del museo, y cuenta, “Mi alegría es inmensa, que mi abuelo sea recordado de esta manera, con alegría y sacando a la luz uno de sus talentos más inéditos. En uno de sus palíndromos escribió “Ella te dará detalle”, parece que lo hubiese escrito para este momento, en el que mi mamá le cedió ese baúl a Ariel”.

